Seguramente alguna vez escuchaste a tus padres o abuelos preguntar:

“¿Lo quieres o lo necesitas?”

Y quizás ahora eres tú quien se lo pregunta a tus hijos.

Aunque parece una pregunta sencilla, en nuestras finanzas puede tener mucho significado. Todos tenemos cosas que necesitamos para vivir y cumplir con nuestras responsabilidades. También tenemos cosas que simplemente queremos porque nos gustan, nos hacen la vida más cómoda o nos permiten disfrutarla.

El problema no está en querer cosas.

El problema puede comenzar cuando nuestros deseos ocupan el dinero que necesitamos para cubrir nuestras obligaciones, ahorrar para nuestras metas o evitar deudas que no podemos pagar.

Aprender a reconocer la diferencia puede ayudarnos a decidir mejor dónde queremos que vaya nuestro dinero.

Una necesidad (need, en inglés) es algo esencial para nuestra vida, salud, seguridad o para poder cumplir con responsabilidades importantes.

Por ejemplo:

  • Vivienda.
  • Alimentos básicos.
  • Agua y servicios esenciales.
  • Atención médica y medicamentos.
  • Transporte necesario.
  • Ropa necesaria.
  • Seguros necesarios.
  • Gastos relacionados con el cuidado de los hijos.

El CFPB enseña que distinguir entre necesidades, obligaciones y deseos puede ayudarnos a establecer prioridades y tomar mejores decisiones con nuestro dinero.

Un deseo (want, en inglés) es algo que nos gustaría tener o hacer, pero que normalmente podemos posponer, reducir o sustituir sin descuidar nuestras necesidades básicas.

Algunos ejemplos pueden ser:

  • Comer frecuentemente en restaurantes.
  • Comprar el teléfono más reciente cuando el actual todavía funciona.
  • Ropa o accesorios de marcas costosas.
  • Algunas suscripciones.
  • Entretenimiento.
  • Vacaciones.
  • Compras que hacemos simplemente porque nos gustan.

Pero hay algo importante:

Los deseos no son malos.

Trabajamos también para disfrutar nuestra vida. La educación financiera no consiste en eliminar cada gusto, sino en entender qué podemos pagar sin descuidar nuestras necesidades y metas.

No todo es blanco o negro.

Necesitamos comida, pero comprar alimentos para preparar en casa y ordenar comida costosa todos los días son decisiones diferentes.

Podemos necesitar un teléfono para trabajar y comunicarnos, pero eso no significa necesariamente que necesitemos el modelo más nuevo.

Necesitamos ropa, pero unos zapatos para trabajar no representan la misma necesidad que comprar otro par costoso cuando ya tenemos suficientes.

Por eso, a veces la mejor pregunta es:

“¿Necesito esto o quiero una versión más cara de algo que necesito?”

Esta distinción es importante.

Un gasto fijo no siempre es una necesidad y un gasto variable no siempre es un deseo.

La renta puede ser relativamente fija y ser una necesidad. Los alimentos pueden variar cada semana y continuar siendo una necesidad.

Por otro lado, una suscripción de entretenimiento puede cobrarnos la misma cantidad todos los meses y seguir siendo un deseo.

Cuando revises tus gastos, pregúntate por separado:

¿Este gasto es fijo o variable?

¿Es una necesidad o un deseo?

No significan lo mismo.

Aquí podemos utilizar un ejemplo muy sencillo.

Supongamos que alguien compra un café de $8 todos los días.

Eso representa aproximadamente:

$56 por semana.
$2,912 durante 52 semanas.

Eso no significa que dejar de comprar café automáticamente te permitirá comprar una casa, ni que nunca debas darte ese gusto.

La verdadera lección es otra:

Los gastos pequeños y frecuentes pueden convertirse en cantidades importantes con el tiempo.

Tal vez después de ver el total decides que ese café vale completamente la pena.

O quizás decides prepararlo en casa algunos días y destinar la diferencia a un fondo de emergencia, pagar una deuda, ahorrar para una casa o alcanzar alguna otra meta.

No se trata de decir:

“No compres café.”

Se trata de:

“Ahora sabes cuánto te cuesta. Tú decides si vale la pena.”

El café es solamente un ejemplo.

Revisa también:

  • Suscripciones que casi no utilizas.
  • Comida a domicilio.
  • Compras impulsivas.
  • Entretenimiento.
  • Servicios que podrían tener opciones más económicas.
  • Cargos recurrentes que habías olvidado.

Haz esto: Revisa tus movimientos bancarios o de tarjetas de los últimos uno o dos meses. Escoge tres gastos recurrentes y calcula cuánto representan durante un año.

No tienes que eliminarlos.

Primero entiende cuánto te cuestan. Después decide.

Una estrategia que funciona para algunas personas es separar una cantidad dentro del presupuesto para gastos personales.

Después de cubrir necesidades, obligaciones, ahorro y otras prioridades, puedes decidir cuánto puedes gastar en cosas que simplemente disfrutas.

Así puedes poner límites sin sentir que tener un presupuesto significa no poder hacer nada.

Consejo: No te vayas de un extremo al otro. Un plan demasiado restrictivo puede ser difícil de mantener. Busca un equilibrio que funcione para tu situación y tus metas.

Cuando no estés seguro de una compra, prueba estas cinco preguntas:

  1. ¿Lo necesito o lo quiero?
  2. ¿Puedo pagarlo sin descuidar mis obligaciones?
  3. ¿Existe una alternativa más económica?
  4. ¿Puedo esperar antes de comprarlo?
  5. ¿Qué otra cosa podría hacer con este dinero?

A veces unos minutos de reflexión pueden cambiar completamente una decisión.

La próxima vez que uno de nuestros hijos diga:

“¡Lo necesito!”

podemos regresar a aquella famosa pregunta:

“¿Lo necesitas o lo quieres?”

Y agregar algunas más:

¿Por qué lo necesitas?
¿Qué pasa si esperamos?
¿Existe una opción más económica?
¿Podemos ahorrar primero para comprarlo?

Una conversación sencilla puede convertirse en una buena lección financiera para toda la familia.

No necesitas dejar de comprar todo lo que quieres para mejorar tus finanzas.

Se trata de aprender a distinguir:

Lo esencial de lo opcional.

Lo que puedes cambiar de lo que no puedes cambiar fácilmente.

Lo que disfrutas de lo que compras simplemente por costumbre.

Lo que puedes pagar de lo que podría llevarte a una deuda que no necesitas.

Cada familia tiene necesidades, prioridades y metas diferentes.

La meta no es dejar de vivir para ahorrar cada dólar.

La meta es aprender a utilizar nuestro dinero de una manera que refleje lo que realmente es importante para nosotros.

En MiDineroHoy creemos que manejar bien el dinero no significa renunciar a todo lo que disfrutamos, sino aprender a reconocer nuestras necesidades, entender nuestros deseos y decidir conscientemente qué lugar queremos darle a cada uno dentro de nuestras finanzas. No se trata solamente de gastar menos, sino de entender mejor por qué, cómo y en qué decidimos gastar nuestro dinero.